lunes, 7 de julio de 2025

Cultivar la práctica del notar

"La recapitulación de la experiencia, en la forma de diario, es una forma de digerir las impresiones que la vida y nuestra vivencia de ella proveen de forma natural. El Diarista repasa sus acciones, sentimientos y pensamientos, y nos presenta una perspectiva del proceso de su vida.

Llevar un diario es de por sí un proceso de involucrarse con uno mismo. Hacerlo durante un tiempo presenta un desafío que invita al Diarista a moverse más allá de su lasitud natural, a ir más allá de lo meramente cómodo.

Llevar un diario público es también un proceso, e involucrarse con la comunidad oyente constituye la etapa en la que la escritura cobra vida: la arrogancia, las flaquezas, pretensiones, debilidades y aspiraciones de los Diaristas se exponen ante la mirada y el escrutinio públicos; incluso el intento por esconder queda expuesto. En este punto, el calor entra en el proceso, y se generan repercusiones más allá de lo puramente personal.

(...)

Luego, ¿cuál es el objetivo de publicar? El primer objetivo, de forma inmediata, es cultivar la práctica del notar."

Robert Fripp, El Círculo de Guitarras, 2024 (inédito).

lunes, 26 de mayo de 2025

En el fondo

 "Allá en el fondo está la muerte"

Julio Cortázar, Instrucciones para dar cuerda a un reloj, Historias de cronopios y de famas, 1962

Absurdo infinito

 "Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito".

Julio Cortázar, Rayuela, 1963.

viernes, 2 de mayo de 2025

Disciplina

La disciplina es un medio para un fin, no es un fin en sí misma.

I

El principal aspecto de la disciplina es la confiabilidad: cuando decimos que vamos a hacer algo, lo hacemos, con seguridad. La disciplina confiere eficacia en el tiempo: fiabilidad, repetibilidad, y responsabilidad.

El músico tiene tres disciplinas: la de las manos, la de la cabeza, y la del corazón.

Tomadas juntas, éstas forman una disciplina.

II

La disciplina implica indisciplina: desconfianza, irresponsabilidad y arbitrariedad.

III

Normalmente asociamos la disciplina con la capacidad de hacer algo. La disciplina también significa ser capaces de hacer nada.

La disciplina también significa ser capaces de responder a las iniciativas de otros: por ejemplo apoyar a otros en su trabajo.

IV

Hay diferentes calidades, o grados, de disciplina. Existen las disciplinas del mecánico, la del profesional, la del maestro y la del genio.

La disciplina del mecánico se ocupa del mantenimiento.

La disciplina del profesional se ocupa de la renovación.

La disciplina del maestro se ocupa de la innovación.

La disciplina del genio se ocupa del acto creativo.

V

La disciplina es significativa. Con disciplina, lo imposible se vuelve posible. Con el tiempo, la disciplina nos permite tomar el trabajo de nuestros propios docentes.

VI

La disciplina también nos permite repetirnos a nosotros mismos.

La Suerte del Principiante es buena para los principiantes. Los principiantes no saben qué es lo que no pueden hacer, así que lo imposible está disponible. Ésta es también una característica de la maestría: la asunción de la inocencia en un campo de experiencia.

Los maestros conocen lo que pueden hacer, y también los parámetros de su competencia, lo que no pueden hacer.

Los maestros también saben que lo que pueden hacer ha sido hecho ya, y les falta el elemento creativo que hace que merezca la pena vivir la vida. El maestro tiene fe en el Impulso Creativo que hizo surgir el camino, o el sendero de su disciplina particular. Su competencia se vuelve un trampolín, que le lleva al borde. Entonces, salta.

VII

Siete asunciones para trabajar en el Círculo:

Intención
Presencia
Buena voluntad
Práctica común
Tocar afinado
Tocar a tiempo
Escuchar
La Octava e invisible Asunción es la asunción de la virtud. Si somos incapaces de definir las características de la disciplina, o los atributos de la persona con una disciplina establecida, la disciplina nos eludirá.

VIII

La disciplina es también un proceso.

Este proceso tiene comienzo, medio y final. Cada una de estas tres etapas tienen también un comienzo, un medio y un final. Esto da nueve etapas en total.

IX

Hay un elemento creativo en la disciplina.

X

La disciplina tiene su propia necesidad.

XI

Establecer una disciplina es un trabajo personal e individual.

 Robert Fripp, El Círculo de Guitarras, inédito en español.

jueves, 1 de mayo de 2025

Atención firmemente repartida

Entonces, este aspecto al parecer más desprolijo y descuidado que hoy presenta mi escritura se debe a la intención deliberada de cambiar la forma de trabajo, lo cual es bastante difícil de lograr porque implica mantener la atención firmemente repartida entre el estado de tensión de los músculos (se aflojan; ahora me distraigo y se tensan, etcétera) y el dibujo dibu dibujo propiamente dicho de las letras. Es dificil, muy difícil, pero creo que es el buen camino. Por otra parte, prestar atención a la tensión muscular es un buen entrenamiento para mi propósito de relax como hábito diario, cosa que siempre postergo y que no debo seguir postergando porque es esencial para la salud, al menos para mi salud.

Mario Levrero, El discurso vacío, 1996.  

Un lujo que sólo sirve para perder tiempo y ritmo de escritura?

Hoy se trata de controlar la ansiedad y de conseguir una letra grande y clara. De modo que voy despacio y procuro no dejarme dominar por el torrente de pensamientos que buscan expresar algo, no porque me parezca que no debo expresar algo, sino para no dejarme llevar por ese torrente (por ejemplo, al escribir la palabra "torrente" hubo un apresuramiento ansioso, y he ahí que las "r" no me quedaron bien. Torrente. Torrente). (Pasa que cuando uno escribe una "r" ya le parece suficiente, y se apresura a escribir la otra como si esa segunda "r" fuera un lujo que sólo sirve para perder tiempo y ritmo de escritura.) Pero en general estoy bastante satisfecho de la manera como progresa mi ejercicio de hoy; mi letra se había vuelto tan pequeña y confusa que en mi fuero íntimo desesperaba ya de poder recuperar en algún momento una letra legible, esa letra legible que había conseguido con semanas y meses de ejercicios más o menos diarios. Sin embargo, compruebo con regocijo que ha bastado el ejercicio de antes de ayer para tomar conciencia de los vicios de escritura, y en estas horas que pasaron fue madurando inconscientemente en mí este progreso de hoy. No me digan que lo que estoy escribiendo no es perfectamente legible, aunque todavía falta un buen trecho para que pueda hablarse de "caligrafía". Sin embargo esto último no es un objetivo deseable; me basta con que mi letra sea cómodamente legible para los demás y para mí mismo, sin necesidad de alcanzar niveles de belleza o perfección. Bien lo dice el refrán francés: "Le meilleur c'est l'ennemi du bon", que me inculcara M. V.; pero todavía hay muchos trazos que convendría mejorar, y también debo llegar a alcanzar velocidad de escritura sin pérdida de calidad.

Mario Levrero, El discurso vacío, 1996.  

miércoles, 23 de abril de 2025

La atención es vitalidad (dijo, y me conquistó)

Haz cosas. Mantente concentrado, curioso. No esperes el empujón de la inspiración ni el beso de la sociedad en la frente. Presta atención. Todo se trata de prestar atención. La atención es vitalidad. Te conecta con los demás. Te hace estar ansioso. Mantente ansioso.

Susan Sontag, aparentemente, en su discurso dirigido a la cohorte de graduados 2003 del Vassar Liberal Arts College de NYC.

jueves, 10 de abril de 2025

Un trozo de carne de cerdo agridulce

Ahogué la respiración. Había comenzado lo que estaba por venir.

—¿Y eso? Oye, Yeonghye, creo que ya te he hablado con suficiente claridad…

Después de la severa amonestación que le dirigió mi suegro, mi cuñada le riñó con buenas palabras:

—¿A dónde quieres llegar? Todos necesitamos ingerir cierta cantidad de nutrientes… Si quieres ser vegetariana, hazte una dieta más adecuada. Fíjate qué mala cara tienes.

—Yo casi no la reconozco hoy. Estaba enterada de que se había hecho vegetariana, pero no me imaginé que se estaba destrozando la salud —secundó la mujer de mi cuñado.

—Hoy mismo se acabó eso de ser vegetariana. Come esto, esto y esto. Ni que viviéramos en una época de necesidades. Mira la pinta que tienes —dijo con firmeza mi suegra, poniendo delante de mi mujer la carne de ternera a la plancha, el guiso de pollo y los fideos con pulpo.

—¿A qué esperas? ¡Come de una vez! —insistió mi suegro con su voz de trueno.

—Yeonghye, come. Si comes, te nacerán las fuerzas. Una persona normal necesita de energías para vivir. Los monjes aguantan porque hacen una vida contemplativa y viven solos —trató de persuadirla a mi cuñada con palabras suaves.

Los niños observaban a mi mujer con los ojos abiertos como platos. Como si no entendiera a qué venía repentinamente tanto barullo, paseó la mirada por los ojos llenos de preocupación y la cara arrugada de mi suegra, que parecía no haber sido joven nunca, el ceño fruncido y lleno de inquietud de su hermana, la actitud de mero espectador de su cuñado, y la expresión de disgusto, si bien comedido, de su hermano pequeño y su esposa. Esperaba que mi mujer dijera algo. Sin embargo, dejó los palillos sobre la mesa y con este único gesto respondió al pedido unánime y mudo que le lanzaban todas esas caras.

Se levantó un murmullo sordo. Esta vez mi suegra cogió con los palillos un trozo de carne de cerdo agridulce y le dijo poniéndoselo cerca de los labios:

—Venga, abre la boca. Come…

Con la boca cerrada, mi mujer miró a mi suegra con cara de no entender lo que estaba ocurriendo.

—Abre la boca. ¿No te gusta esto? Entonces come esto —dijo mi suegra, cogiendo esta vez un poco de carne de ternera a la plancha. Como mi mujer continuaba con la boca cerrada, dejó la carne y cogió una ostra
—. Esto te gusta desde que eras pequeña. Alguna vez me dijiste que te gustaría comer ostras hasta hartarte…

—Sí, yo también lo recuerdo. Por eso siempre que veo ostras, me acuerdo de Yeonghye —la secundó mi cuñada, como si el hecho de que rechazara las ostras fuera lo más preocupante.

Cuando los palillos que sostenían la ostra se acercaron a su boca, mi mujer se echó hacia atrás.

—Vamos, cómetelo de una vez que me duele el brazo…

Le temblaba la mano a mi suegra, como si en verdad le doliera el brazo. Mi mujer optó por levantarse de la silla.

—No voy a comer —dijo con voz firme, abriendo por primera vez la boca.

—¡¿Qué?! —gritaron al unísono mi suegro y mi cuñado, que tenían el mismo carácter explosivo.

La mujer de mi cuñado tiró rápidamente del brazo de su marido para aplacarlo.

—¡Ya no puedo soportar ver esto! ¿Te crees que estoy de broma? ¡Come de una vez! —gritó mi suegro.

Imaginé que mi mujer le respondería algo así como «Lo siento mucho, no puedo comer», pero en lugar de eso habló con calma, sin el menor deje de disculpa:

—Yo no como carne.

Mi suegra dejó caer los palillos. Su rostro envejecido parecía a punto de echarse a llorar. Fluyó un silencio tenso, y a punto de explotar en cualquier momento. Entonces mi suegro cogió los palillos y con ellos agarró un trozo de cerdo agridulce. Dio la vuelta alrededor de la mesa y se puso delante de mi mujer.

Con su cuerpo robusto y endurecido por el trabajo de toda su vida, pero con la espalda encorvada por el paso inevitable de los años, le puso el cerdo agridulce delante de la cara.

—Come, hazme caso que soy tu padre. Te lo digo por tu bien. ¿Qué harás si enfermas por seguir así?

Un enternecedor tono paternal se desprendía de sus palabras y se me humedecieron los ojos sin darme cuenta. Seguramente todos los que estaban allí sintieron lo mismo.

—Padre, yo no como carne —dijo mi mujer, apartando con una mano los palillos de mi suegro, que temblaba en silencio.

Repentinamente la recia mano de mi suegro cruzó el aire y mi mujer se llevó la suya a la cara.

—¡Papá! —gritó mi cuñada, al mismo tiempo que aferraba del brazo a mi suegro.

Como si todavía no se hubiera aplacado su cólera, a mi suegro le temblaban los labios. Sabía que tenía un carácter violento, pero era la primera vez que le veía pegar a alguien.

—Tú, yerno, y tú, hijo, venid aquí.

Me acerqué a mi mujer con pasos vacilantes. El golpe había sido tan fuerte que le había dejado una marca sanguinolenta en la mejilla. Como si justo entonces se hubiera quebrado su serenidad, empezó a jadear.

—¡Sujetadle los brazos!

—¿Qué?

—Cuando por ,n empiece a comer, comerá como antes. ¿Dónde se ha visto que alguien no coma carne en estos días? Mi cuñado se levantó de su asiento con cara de contrariedad.

—Vamos, hermana, come de una vez. Di que sí y ,nge que comes. No compliques las cosas. ¿Tienes que llegar a este punto delante de papá?

—¿Quién te mandó hablar? ¡Sostenle el brazo! ¡Y tú también, yerno!

—¡Papá, por favor! —suplicó mi cuñada, sujetándolo del brazo derecho.

Esta vez mi suegro tiró los palillos y tomando el cerdo agridulce con las manos, se acercó a mi mujer. Ella dio algunos pasos titubeantes hacia atrás, pero su hermano la detuvo.

—Vamos, come, colabora. Cógelo tú misma y cómetelo.

—Papá, no hagas eso —le suplicó mi cuñada.

Como la fuerza con la que mi cuñado sostenía a mi mujer era mayor que la fuerza con que mi cuñada sostenía a su padre, este se soltó de su hija y acercó el cerdo agridulce a la boca de mi mujer. Con los labios ,rmemente cerrados, ella lanzó un quejido. Parecía que quería decir algo, pero que no podía hacerlo por miedo a que la carne entrara en su boca.

—¡Papá! —gritó mi cuñado, tratando de disuadir a su padre, pero sin atreverse a soltar a mi mujer.

—Mmm… ¡Mmm!

Mi suegro aplastó el cerdo agridulce contra la boca de mi mujer, que se agitaba penosamente. Con sus dedos recios, le abrió los labios, pero no pudo hacer nada para entreabrir los dientes fuertemente cerrados. Ciego de cólera, volvió a pegarle una bofetada.

—¡Papá!

Mi cuñada se abalanzó y lo abrazó por la cintura, pero en el instante en que se le abrió la boca a mi mujer, él le introdujo a la fuerza el trozo de cerdo agridulce.

Ante la embestida, mi cuñado le soltó el brazo y ella escupió la carne lanzando un bramido. Fue un alarido de bestia el que salió de su boca.

—¡¡Dejadme!!

Se agazapó como si fuera a salir corriendo por la puerta, pero en lugar de eso se dio la vuelta y cogió el cuchillo de la fruta que estaba sobre la mesa.

—Yeo… Yeonghye….

La voz quebrada de mi suegra cortó el brutal silencio. Los niños dejaron escapar el llanto que habían estado conteniendo. Apretando los dientes y mirando a los ojos a cada uno de los presentes, mi mujer alzó el cuchillo:

—¡Hay que impedírselo!

—¡Cuidado!

Un chorro de sangre brotó de su muñeca como de una fuente y llovió sobre los platos blancos.

Han Kang, La vegetariana, 2007

martes, 8 de abril de 2025

Un trozo grande que apenas me cabía

...abrí el refrigerador y saqué tres mangos gordos, duros. Me senté a comerlos en las gradas que están al fondo de la casa, de cara a la huerta. Cogí uno y lo pelé con los dientes, luego lo mordi con toda la boca, hasta el hueso; arranqué un trozo grande, que apenas me cabía y sentí la pulpa aplastarse y al jugo correr por mi garganta, por las comisuras de la boca, por mi barbilla, después entre los dedos y a lo largo de los antebrazos. Con impaciencia, pelé el segundo, y, más calmada, casi satisfecha ya, empecé a comer el tercero. Un chancleteo me hizo levantar la cabeza. Era la Toña que se acercaba. Me quedé con el mango en las manos, torpe, inmóvil, y el jugo sobre la piel empezó a secarse rápidamente y a ser incómodo, una porquería…

Laura Esquivel, Íntimas suculencias, 1998

Por candado este caracol

Los poemas haiku y waka expresan acaso más fácilmente que la pintura las sutiles diferencias que existen entre los cuatro temples de ánimo: sabi, wabi, aware y yugen. La quieta y conmovedora soledad de sabi es evidente en

En una rama seca
un cuervo se ha posado
en la tarde de invierno.

Pero es menos patente y por ende más profunda en

Con la brisa de la tarde
el agua murmura contra
las patas de la garza.
En el bosque oscuro
cae una bellota:
sonido del agua.

Sabi significa soledad en el sentido del desapego budista que ve todas las cosas como si ocurrieran "por sí mismas" en milagrosa espontaneidad. Esto acompaña la sensación de profunda, ilimitada quietud que trae una prolongada nevada, que amortigua todos los sonidos en sucesivas capas de blandura.

Cae la cellisca;
infinita, insondable
soledad.

Wabi, el inesperado reconocimiento del fiel "ser tal" de las cosas muy corrientes, especialmente cuando la melancolía del futuro momentáneamente ha frenado nuestras ambiciones, es acaso el temple de estas líneas:

Un portón de zarza
y por candado
este caracol.
El pájaro carpintero
sigue en el mismo lugar;
acaba el día.
Desolación de invierno;
en el agua llovida de la tina
caminan gorriones.

 Alan Watts, El camino del Zen, 1957.

No ir a ninguna parte en un momento intemporal

Así, la vida sin propósito es el tema constante del arte zen de toda clase, que expresa el estado íntimo del artista de no ir a ninguna parte, en un momento intemporal. Ocasionalmente, todos los hombres pasan por estos momentos, y entonces es justamente cuando consiguen ver el mundo con tanta vivacidad que su resplandor colma los intervalos de la memoria: la fragancia de las hojas que se queman en la niebla de una mañana de otoño, una bandada de palomas iluminadas por el sol contra un nubarrón, el sonido de una cascada invisible al anochecer, o el grito solitario de un pájaro desconocido en la espesura de un bosque. En el arte zen todo paisaje, todo bosquejo de bambúes al viento o de rocas solitarias es un eco de tales momentos.

Cuando el momento expresa soledad y quietud se llama sabi. Cuando el artista se siente triste o deprimido y en esta peculiar vaciedad divisa algo corriente y modesto en su increíble "ser tal", este temple se llama wabi. Cuando el momento evoca una tristeza más intensa y nostálgica, relacionada con el otoño y con la gradual desaparición del mundo, se llama aware. Y cuando se ve súbitamente algo extraño y misterioso, que sugiere algo desconocido y que nunca será descubierto, el estado de ánimo se llama yugen. Estas palabras japonesas, prácticamente intraducibles, denotan los cuatro estados de ánimo fundamentales de furyu, es decir, la atmósfera general del "gusto" zen al percibir los momentos sin propósito que surgen en nuestra vida.
Alan Watts, El camino del Zen, 1957.

La amarga comprensión de que todo se deshace

En japonés existe una palabra que no tiene correlato en otros idiomas: wabi-sabi. Es la belleza de lo imperfecto, de lo que ha pasado por el tiempo y se ha transformado, de lo que ha perdido su forma inicial para volverse algo más.

El wabi-sabi no busca ser entendido, sino vivido. Es una filosofía de aceptación, de aprender a ver lo bello en lo que está a punto de desvanecerse.
¿Y si aceptáramos que nosotros también somos un wabi-sabi? Que nuestra vida no es un proceso de perfección, sino de transformación constante, de encontrar belleza en nuestra fragilidad.

La verdadera belleza no reside en lo que se guarda como un trofeo, ni en lo que se conserva como una reliquia, ni mucho menos en lo que se ostenta. La belleza está en lo que se vive intensamente, en lo que se pierde inevitablemente.

La belleza está en lo que se desvanece en el aire como un suspiro que no volverá. Radica en lo que no podemos controlar, en el instante que no se repite, en lo que se pierde y se va transformando sin que lo podamos detener.

Quizás la gracia verdadera se encuentra en la amarga comprensión de que todo se deshace, que todo se pierde, y que no hay en ello lamentación alguna.

Solo queda, en su lugar, una extraña paz, como la que acompaña a una flor que cae sin que su caída sea más que la culminación inevitable de su destino.
Esa quietud pertenece a quien sabe que, al desvanecerse, ya ha cumplido su función en el orden secreto del tiempo.
Ber Stinco, en X.

Higos frescos

Quien siempre comió con moderación, nunca experimentó lo que es una comida, nunca sufrió una comida. Así, a lo sumo se conoce el placer de comer pero no la voracidad, el desvío desde la llana avenida del apetito hacia la selva de la gula. Porque en la gula se juntan ambas cosas: la desmesura del deseo y la uniformidad de aquello con que se lo sacia. Comer desaforadamente es ante todo comer cualquier cosa, sin distinción. No cabe duda de que se penetra con mayor profundidad que placer en lo deglutido. Por ejemplo, cuando se muerde la mortadela como si fuera un sándwich, cuando uno se hunde en el melón como en una almohada, lame caviar del papel crujiente o, frente a una horma de queso Edam, simplemente olvida todas las demás cosas comestibles que hay en el mundo. ¿Cuándo me pasó esto por primera vez? Fue ante una de las decisiones más difíciles. Tenía una carta para despachar o romper. La había llevado conmigo durante dos días, pero hacía algunas horas que ya no pensaba en ella. Porque había subido hasta Secondigliano en el ruidoso tren de trocha angosta a través del paisaje carcomido por el sol. El pueblo se extendía, solemne, en el silencio cotidiano. La única huella del domingo disipado eran las varillas en las que habían ondeado aros luminosos y se habían encendido fuegos artificiales. Ahora estaban allí, desnudas. Algunas tenían un cartel a media altura con la figura de un santo de Nápoles o de un animal. Las mujeres estaban sentadas en los graneros abiertos, seleccionando maíz. Yo recorría mi camino, aturdido, arrastrando los pasos, cuando, en la sombra, vi un carro con higos. Fue holganza el acercarme, derroche el hacerme despachar media libra por unos pocos soldi. La mujer pesaba con generosidad. Pero, una vez que los frutos negros, azules, verdosos, violetas y marrones estuvieron en el platillo de la balanza romana, sucedió que no tenía papel para envolverlos. Las amas de casa de Secondigliano traían sus propios recipientes y la mujer no estaba preparada para atender a un trotamundos. Y yo me avergonzaba de renunciar a los frutos. Así que me fui de allí con higos en los bolsillos del pantalón y del saco, con higos en ambas manos extendidas, con higos en la boca. Ahora ya no podía parar de comer, tenía que intentar librarme tan rápidamente como me fuera posible de la masa de jugosos frutos que me había invadido. Pero eso ya no era comer, sino más bien darme un baño, tan penetrante se introducía el aroma resinoso en mis cosas, se pegaba a mis manos, viciaba el aire que yo atravesaba con mi carga. Y después llegó la cumbre del sabor, desde la cual, una vez vencida la saciedad y la repugnancia, últimos obstáculos, se abre una vista hacia un insospechado paisaje del paladar: una avidez creciente, insípida, ilimitada, verdosa, que ya no conoce otra cosa que el movimiento desmechado y fibroso de la pulpa abierta, la transformación total del placer en costumbre, de la costumbre en vicio. Subía en mí el odio hacia estos higos, tenía apuro por liquidarlos, por liberarme, por acabar con todo eso que rebosaba y estallaba; comí para aniquilarlo. El mordisco había recuperado su voluntad original. Cuando arranqué el último higo del fondo de mi bolsillo, llevaba pegada la carta. Su destino estaba sellado, también ella debía ser víctima de la gran depuración; la tomé y la partí en mil pedazos.

Walter Benjamin, Denkbilder. Epifanías en viajes.

sábado, 5 de abril de 2025

La escritura lenta y los temas poco interesantes

Creo que no me está saliendo buena letra, y escribo muy ansiosamente. Sin embargo es una  letra que me parece inteligible, y en la que se han ido incorporando con naturalidad muchos de los rasgos que me he esforzado en practicar; otros, todavía no. Por ello debo continuar con la escritura lenta y con los temas poco interesantes, de modo de seguir incorporando con paciencia y mediante la reiteración esos rasgos que considero esenciales para que mi letra vuelva a ser legible del todo y para que, en forma paralela, se incorporen también a mi conducta los rasgos que la letra delataría ante un examen grafológico, una vez que fuera como he pensado que quería que fuera, de modo de poder afirmar que "soy el artífice de mi destino"; es una pretensión tal vez excesiva, pero pienso que a veces no está mal apuntar demasiado alto, sobre todo en un medio donde todo condiciona a que se apunte bajo, y donde la mediocridad es uno de los méritos más celebrados.

 Mario Levrero, El discurso vacío, 1996. 

miércoles, 2 de abril de 2025

lunes, 31 de marzo de 2025

...que mi yo se agrande por el mágico influjo de la grafología

Prosigo, tratando de desarrollar temas poco interesantes, inaugurando tal vez una nueva época del aburrimiento como corriente literaria.

Hoy comencé, hace dos renglones, con una letra de tamaño muy grande, la que en el segundo renglón se redujo bastante. ¿Por qué se redujo?

Porque empecé a prestar atención a la forma de continuar la frase que había comenzado, queriendo evitar incoherencias. Y la conclusión es que, limitada como es, mi atención no puede ocuparse de dos cosas distintas. Aquí lo prioritario es la letra y no el estilo, de modo que las incoherencias están permitidas. Afloja la tensión, muchacho, y dedícate a tu laboriosa tarea de dibujo. No es fácil olvidarse de la necesidad de coherencia. Aunque después de todo la coherencia no es más que una compleja convención social. Sospecho que la frase anterior es una gran mentira, pero ahora no tengo el derecho de ponerme a analizar esas cosas. Otras cosas, tampoco.

Debo caligrafiar. De eso se trata. Debo permitir que mi yo se agrande por el mágico influjo de la grafología. Letra grande, yo grande. Letra chica, yo chico. Letra linda, yo lindo.

Mario Levrero, El discurso vacío, 1996. 

 

viernes, 28 de marzo de 2025

No esperes que los ingredientes finos hagan el trabajo por tí

Nunca veas la preparación de los alimentos desde el punto de vista de la mentalidad corriente o en base al tinte de los sentimientos. Una hoja de hierba puede emplearse para erigir magníficos monasterios, puede girar la Rueda de la Realidad en una mota de polvo. Si sólo dispones de hierbas silvestres para hacer un caldo, no las desprecies. No te solaces si cuentas con ingredientes para una sopa cremosa. Donde no hay apego, no puede haber aversión. No seas displicente con los ingredientes modestos ni esperes que los ingredientes finos hagan el trabajo por ti: trata todo con igual sinceridad. 

Eihei Dogen, Instrucciones para el cocinero en jefe, 1237.

jueves, 27 de marzo de 2025

El camino del comer y el beber

Cuando las cosas son todavía pequeñas, es menester no dejarlas sin alimentación. Por eso sigue el signo Hsü. Hsü significa el camino hacia el comer y el beber.

Rey Wen, I Ching, comentario sobre la secuencia del Hexagrama n°5, La espera/La alimentación (subsecuente de El empeño de la juventud), c. 1020 AC.

Cuadernos secretos garabateados y salvajes

  1. Cuadernos secretos garabateados y salvajes páginas escritas a máquina para tu propia dicha.
  2. Obediente a todo, abierto, escuchando.
  3. Trata de nunca emborracharte fuera de tu casa.
  4. Enamórate de tu propia vida.
  5. Algo que sientes encontrará su propia forma.
  6.  Sé un demente estúpido-santo de la mente.
  7. Sopla tan profundo como quieras soplar.
  8. Escribe lo que quieras, insondablemente, desde el fondo de la mente.
  9. Las visiones inefables del individuo.
  10. Sin tiempo para la poesía más que exactamente lo que es.
  11. Tics visionarios estremeciéndose en el pecho.
  12. Fijación del trance soñando sobre un objeto ante ti.
  13. Desaloja inhibiciones literarias, gramáticas y sintácticas.
  14. Como Proust, sé un viejo adicto al té del tiempo.
  15. Diciendo la verdadera historia del mundo en un monólogo interno.
  16. El centro de la joya del interés es el ojo dentro del ojo.
  17. Escribe en reminiscencia y asombro por ti mismo.
  18. Trabaja desde el néctar del ojo medio afuera, nadando en el mar del lenguaje.
  19. Acepta la pérdida para siempre.
  20. Cree en el sagrado contorno de la vida.
  21. Lucha por trazar el flujo que ya existe intacto en la mente.
  22. No pienses en palabras cuando te detengas sino para ver mejor el cuadro.
  23. Registra todos los días el día blasonado en tu mañana.
  24. Sin miedo o pena en la dignidad de tu experiencia, conocimiento y lenguaje.
  25. Escribe para que el mundo lea y vea tus precisas imágenes de él.
  26. El libro-película es la película en palabras, la forma visual americana.
  27. En homenaje del personaje en la solitaria penumbra inhumana.
  28. Componiendo salvaje, indisciplinado, puro, viniendo de abajo, entre más loco mejor.
  29. Eres un genio todo el tiempo.
  30. Guionista-director de películas terrestres auspiciadas y angeladas en el Cielo.
  31. Jack Kerouac, publicados bajo el título "Belief and Technique for Modern Prose" en Heaven and other Poems, 1959

Un cuento es una novela depurada de ripios

  1. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
  2. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla.
  3. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
  4. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia
  5. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
  6. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas.
  7. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
  8. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
  9. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
  10. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
  11. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino
  12. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.
  13. Horacio Quiroga, Decálogo del perfecto cuentista, publicado por primera vez en la revista Babel, 1927.

Cela y Umbral, ni en pintura

    1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
    2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
    3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
    4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
    5. Lo repito una vez más por si no ha quedado clar a Cela y a Umbral, ni en pintura.
    6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
    7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
    8. Lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
    9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
    10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
    11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
    12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

    Roberto Bolaño, Consejos sobre el arte de escribir cuentos, Cuentos completos, 2014 (publicados por primera vez en Revista Quimera, 1998)

miércoles, 26 de marzo de 2025

Dos vidas

Todos tenemos dos vidas:
La verdadera, que es la que soñamos en la infancia,
y que continuamos soñando, adultos en un sustrato de niebla;
Y la falsa, que es la que vivimos en convivencia con otros,
que es la práctica, la útil,
aquella en la que terminan por meternos en una gran caja.

Fernando Pessoa en la piel de Álvaro de Campos, Dactilografía, 1933.

viernes, 21 de marzo de 2025

Como si la tinta fuese tan preciosa que no pudieras desperdiciarla

Write naked. That means to write what you would never say.

Write in blood. As if ink is so precious you can’t waste it.

Write in exile, as if you are never going to get home again, and you have to call back every detail.

(Escribí desnudo. Eso significa: escribi lo que nunca dirías. Escribí en sangre, como si la tinta fuese tan preciosa que no pudieras desperdiciarla. Escribí desde el exilio, como si nunca fueses a volver a casa y necesitases recordar cada detalle.)

Denis Johnson, "Three tules of writing", aparentemente nunca publicadas como tales en ninguna parte.

jueves, 20 de marzo de 2025

Cosas largas y duras

El primer artefacto cultural probablemente fuera un recipiente… Muchos teóricos creen que los primeros inventos culturales debían de ser un contenedor para productos recolectados y alguna forma de cabestrillo o red. Es lo que dice Elizabeth Fisher en Women’s Creation (McGraw-Hill, 1975). Pero no, esto no puede ser. ¿Dónde está esa maravilla, esa cosa grande, larga, dura, creo que un hueso, con el que el Hombre Mono primero golpeó a alguien en la película, y luego, rugiendo en éxtasis al haber llevado a cabo el primer asesinato, lanzó el hueso al aire, y ahí, girando en el cielo, se convirtió en una nave espacial, penetrando el cosmos para fertilizarlo y producir, al final de la película, un feto precioso (un niño, por supuesto), que flota porla Vía Láctea sin (extrañamente) útero o matriz alguna? No lo sé. Ni siquiera me importa. No es el relato que estoy contando. Lo hemos oído, todos hemos oído de los palos y las lanzas y las espadas, las cosas para atizar y para pinchar y para golpear, las cosas largas, duras, pero todavía no hemos oído de la cosa que sirve para poner cosas dentro, el contenedor para el contenido. Esto es un nuevo relato. Esto es algo nuevo.

Ursula Le Guin, La teoría de la bolsa de transporte de la ficción, 1988.


 

miércoles, 19 de marzo de 2025

Uno es lo que come, cómo lo come y con quién lo come

 Todo lo que he comido, con quién lo he comido y cómo lo he comido ha determinado lo que soy…
Entre dos fuegos
Si uno es lo que come, con quien lo come, cómo lo come y el sentido que da a lo que come, se puede concluir que los mexicanos somos hijos del maíz pero fuimos amasados con chile. Me pregunto si los dioses nos crearon juntos o por separado y en dado caso qué fue primero el hombre o el chile.

El chile

Josefina Howard y yo, aparte de llevar una buena relación amistosa, compartimos la nacionalidad. Se preguntarán cómo le hacemos ya que ella no es mexicana, pero les diré que eso no tiene la menor importancia. Uno es lo que come, con quién lo come y cómo lo come. La nacionalidad no la determina el lugar donde uno fue dado a la luz, sino los sabores y los olores que nos acompañan desde niños. La nacionalidad tiene que ver con la tierra, pero no con esa pobre idea de una delimitación territorial, sino con algo más profundo. Tiene que ver con los productos que esa tierra prodiga, con su química y sus efectos en nuestro organismo.

El Rosa Mexicano

Laura Esquivel, Íntimas suculencias, 1998

Jocotes, tejocotes, chayotes, chiles y chilacayotes

…me empezó a obsesionar la idea de que todos aquellos alimentos que se generaban en el interior de esta tierra maligna estaban endemoniados y que todo aquel que los comía entraba en comunión con ese mundo de horror y tinieblas, condenando su alma a los infiernos. En consecuencia, empecé a rechazar desde la más bella flor hasta el fruto más apetitoso si su origen era mexica. Los únicos alimentos que ingería tenían que ser ciento por ciento de origen español y bajo ninguna circunstancia admitía el mestizaje gastronómico. Esta decisión no era nada fácil de llevar a cabo si se tiene un estómago antojadizo como el mío. Sabedora de mis debilidades, al llegar a la acequia que corría al costado del palacio y la plaza mayor, por donde se deslizaban las canoas de los indios cargadas de frutas, legumbres, eranos y flores, procuraba no mirar ni oler ni imaginar siquiera la presencia del maíz, el frijol, la chía, el jitomate, la calabaza, la piña, la chirimoya, la papaya, los capulines, el aguacate, el mamey, el zapote, el chicozapote, la quayaba, las ciruclas, los jocotes, los tejocotes, las pitahayas, el chayote, los chiles, la anona, el chilacayote y las ciruelas. En general, podía evitarlos sin dificultad, lo mismo que los puestos donde se vendían ranas, patos, chichicuilotes, acociles y huevos de mosco. ¿Pero, cómo no oler el cacao? ¿Cómo regresar al frío y húmedo convento sin tomar una taza de espumoso chocolate?
Laura Esquivel (con perdón), Arriba Dios, abajo el Diablo, en Íntimas Suculencias, 1998.

lunes, 17 de marzo de 2025

Terapia grafológica

25 de septiembre 

Prosigue mi terapia grafológica. Ayer, la persona que habitualmente controla estas páginas comentó que la letra se había vuelto un tanto menos legible después de la extensa pausa. Yo pienso que esto obedece a por lo menos dos factores: uno, naturalmente, la falta de ejercicio, y el otro, interesante de analizar, el hecho de que, a diferencia de lo que sucedía con la primera tanda, me resultaba ayer más apremiante decir algo y el cómo decirlo (literatura, en fin) que el ejercicio caligráfico liso.

Bien. Otra vez estoy desviándome y prestando poca atención a la letra y mucha a los contenidos, lo cual es antiterapéutico, al menos en este contexto terapéutico que he elegido.

No me cabe duda de que, en otro contexto terapéutico, la desviación antedicha es deseable y positiva; pero no debo mezclar los planos de trabajo, y debo ceñirme a lo que me he propuesto, es decir, una especie de escritura insustancial pero legible...

Mario Levrero, El discurso vacío, 1996.

El mausoleo de toda esperanza

It was Grandfather's watch and when Father gave it to me he said I give you the mausoleum of all hope and desire; it's rather excruciating-ly apt that you will use it to gain the reducto absurdum of all human experience which can fit your individual needs no better than it fitted his or his father's. I give it to you not that you may remember time, but that you might forget it now and then for a moment and not spend all your breath trying to conquer it. Because no battle is ever won he said. They are not even fought. The field only reveals to man his own folly and despair, and victory is an illusion of philosophers and fools.

William Faulkner, The Sound and the Fury, 1929.

Entonces, apareció el notar

La semana pasada estaba en Londres, ocupado con asuntos de dinero y negocios, esas cuestiones que conciernen al músico profesional. Estaba en el pequeño apartamento de mi esposa y, mientras hablaba por teléfono, levanté la vista. Delante de mí había un secreto bien guardado: un cactus de floración invernal a punto de brotar. Pimpollos de delicado color blanco surgían de cada extremo de esa pequeña criatura viva y me hablaban desde el otro lado de la habitación. Me hicieron sentir vergüenza por estar absorto en el pantano de los negocios y me dieron esperanza. Antes de notarlos, eran invisibles. Entonces, apareció el notar...

Robert Fripp, El Círculo de Guitarras (inédito en castellano), 2024.

Lo que amamos de nuestros libros

...each clump of symbols is a brief, urgent message -describing a situation, a scene. We Trafalmadorians read them all at once, not one after the other. There isn't any particular relationship between all the messages, except that the author has chosen them carefully, so that, when seen all at once, they produce an image of life that is beautiful and surprising and deep. There is no beginning, no middle, no end, no suspense, no moral, no causes, no effects. What we love in our books are the depths of many marvelous moments seen all at one time.

Kurt Vonnegut, Slaughterhouse V, 1969. 

("...cada manojo de símbolos es un mensaje breve y urgente que describe una situación, una escena. Nosotros los trafalmadorianos los leemos todos a la vez en lugar de uno a continuación del otro. No existe ninguna relación especial entre todos los mensajes excepto el hecho de que el autor los escogió cuidadosamente para que, al verlos todos juntos, produzcan una imagen de la vida bella, sorprendente y profunda. No hay inicio, no hay nudo, no hay desenlace, no hay suspenso, no hay moraleja, no hay causas, no hay efectos. Lo que amamos de nuestros libros son las profundidades de muchos momentos maravillosos vistos a la vez...")

Fuimos al arroyo y tomamos un trago

Es difícil contar una historia realmente apasionante de cómo arrancaste una semilla de avena de su cáscara, y luego otra, y luego otra, y luego otra, y luego otra, y que luego me rasqué mis picaduras de mosquito, y Ool dijo algo gracioso, y fuimos al arroyo y tomamos un trago y vimos salamandras por un rato, y luego encontré otra mata de avena.
Ursula Le Guin, La teoría de la bolsa de transporte de la ficción, 1988.

https://oficiosvarios.cl/wp-content/uploads/2015/04/La_teoria_de_la_bolsa_como_origen_de_la_ficcion_UrsulaKLeguin.pdf

Obliterar y rellenar

Tuve un tiempo de mucho César Vallejo. Hoy Borges me resulta un poeta conmovedor, y me gusta mucho Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño tiene una profundidad desgarradora, siempre vuelvo a Baudelaire, a Rimbaud. Tengo cerca unos haiku que no paro de leer. Es un librito pequeño de Bashö, del año 1600 y pico... Bashö por ahí está dando unas clases de literatura y un alumno le dice: "Mire lo que escribí, maestro: Hermosas libélulas, quitadle las alas, son pimientos". Y Bashö le responde: Mirá, por qué no lo ves así: "Hermosos pimientos, agregadle alas, son libélulas". Obliterar y rellenar, ¿no? Ese proceder del bocho está latente: podemos distinguir lo que tiene sentido de lo que es una escaramuza. A veces encuentro poesía en los cuentos de Horacio Quiroga. Imponentes. Me impresionan Pablo Neruda, Octavio Paz, momentos de Santa Teresa... Hay una poetisa que falleció en la tragedia de Santa Fe, Delfina Goldaracena. Ella sabía, sabía su destino. "Tiempo efímero" es el único libro que escribió. Murió en la tragedia del colegio, el 8 de octubre de 2006. A ese colegio asiste mi hija Vera, yo estoy muy solidarizado con los padres que crearon "Conduciendo a conciencia". En medio del dolor esos tipos quieren que sea ley de Estado la educación vial, desde la primaria. Delfina escribía como los dioses, a los quince años, escuchá: "Sólo una vez lo hice por debajo del agua, con el romance, desnuda, en el palacio del mal... Me matan, me entierran, pero mi alma sigue viva..." Una categoría poética desgarrante. La poesía llama de todos lados. ¿Qué seríamos sin poesía?

Luis Alberto Spinetta, entrevista 2008

La estrella de la película cortada

Siempre me ha gustado trabajar con las sobras, convertir los desperdicios en cosas. Siempre creí que las cosas desechadas y que todos saben que no valen nada, pueden potencialmente ser divertidas. Es como un trabajo de reciclaje. Siempre pensé que había mucho humor en las sobras. Cuando veo una película antigua de Esther Williams y cien chicas zambulléndose en fila, pienso en cómo deben haber sido los ensayos y en todas las tomas en las que quizás una chica no tuvo el valor suficiente para zambullirse en el momento indicado, y pienso en esa toma cortada de ella en el trampolín. Así pues, esa toma de la escena pasó a ser una sobra en el suelo de la sala de montaje -un corte- y posiblemente en aquel momento la chica también pasó a ser una sobra -probablemente la despidieron-, de modo que la escena entera es mucho más divertida que la escena real en la que todo funcionó a la perfección, y la chica que no se zambulló es la estrella de la película cortada.
Andy Warhol, Mi filosofía de A a B y de B a A, 1975.

Cultivar la práctica del notar

"La recapitulación de la experiencia, en la forma de diario, es una forma de digerir las impresiones que la vida y nuestra vivencia de ...