martes, 8 de abril de 2025

La amarga comprensión de que todo se deshace

En japonés existe una palabra que no tiene correlato en otros idiomas: wabi-sabi. Es la belleza de lo imperfecto, de lo que ha pasado por el tiempo y se ha transformado, de lo que ha perdido su forma inicial para volverse algo más.

El wabi-sabi no busca ser entendido, sino vivido. Es una filosofía de aceptación, de aprender a ver lo bello en lo que está a punto de desvanecerse.
¿Y si aceptáramos que nosotros también somos un wabi-sabi? Que nuestra vida no es un proceso de perfección, sino de transformación constante, de encontrar belleza en nuestra fragilidad.

La verdadera belleza no reside en lo que se guarda como un trofeo, ni en lo que se conserva como una reliquia, ni mucho menos en lo que se ostenta. La belleza está en lo que se vive intensamente, en lo que se pierde inevitablemente.

La belleza está en lo que se desvanece en el aire como un suspiro que no volverá. Radica en lo que no podemos controlar, en el instante que no se repite, en lo que se pierde y se va transformando sin que lo podamos detener.

Quizás la gracia verdadera se encuentra en la amarga comprensión de que todo se deshace, que todo se pierde, y que no hay en ello lamentación alguna.

Solo queda, en su lugar, una extraña paz, como la que acompaña a una flor que cae sin que su caída sea más que la culminación inevitable de su destino.
Esa quietud pertenece a quien sabe que, al desvanecerse, ya ha cumplido su función en el orden secreto del tiempo.
Ber Stinco, en X.

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