Creo que no me está saliendo buena letra, y escribo muy ansiosamente. Sin embargo es una letra que me parece inteligible, y en la que se han ido incorporando con naturalidad muchos de los rasgos que me he esforzado en practicar; otros, todavía no. Por ello debo continuar con la escritura lenta y con los temas poco interesantes, de modo de seguir incorporando con paciencia y mediante la reiteración esos rasgos que considero esenciales para que mi letra vuelva a ser legible del todo y para que, en forma paralela, se incorporen también a mi conducta los rasgos que la letra delataría ante un examen grafológico, una vez que fuera como he pensado que quería que fuera, de modo de poder afirmar que "soy el artífice de mi destino"; es una pretensión tal vez excesiva, pero pienso que a veces no está mal apuntar demasiado alto, sobre todo en un medio donde todo condiciona a que se apunte bajo, y donde la mediocridad es uno de los méritos más celebrados.
Mario Levrero, El discurso vacío, 1996.